Los jóvenes que consumen este tipo de sustancias pueden
presentar una serie de cambios en su conducta y hábitos que podrían dar ciertas
pistas a su entorno para detectar este fenómeno, aunque es conveniente tener en
cuenta que se debe tener precaución con esto, ya que la adolescencia es un
periodo donde los jóvenes pueden experimentar muchos de estos cambios de
conducta:
Irritabilidad y desarrollo de una conducta agresiva.
Pereza, apatía o somnolencia constante.
Hiperactividad.
Pronunciación lenta o mala.
Ojos inyectados en sangre, pupilas dilatadas (grandes) o
puntiformes (muy pequeñas).
Desarrollo de malas prácticas, como mentir o robar,
etcétera.
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